On the Essence

Introducci�n.

El problema del alma, uno de los m�s antiguos de la filosof�a, es tambi�n central en el pensamiento de Zubiri, hasta el punto de que cabe clasificar buena parte de su obra en funci�n de este problema; esta clasificaci�n, por otra parte, nos permitir� se�alar las fuentes zubirianas que vamos a utilizar aqu� en esta exposici�n:

  1. Los escritos que tratan directamente del alma (o psique): “El origen del hombre”, “El hombre, realidad personal”, “El problema del hombre”, “El hombre y su cuerpo”, “Notas sobre la inteligencia humana”, “La g�nesis humana”, etc.
  2. Los escritos que no tratan directamente del alma, pero que son origen, fundamento o resultado de una concepci�n de ella: Sobre la esencia, Estructura din�mica de la realidad, Inteligencia Sentiente, etc.
  3. Los escritos, m�nimos, que no tratan directamente del alma ni est�n afectados por una concepci�n de la misma: “El concepto descriptivo de tiempo”, “Respectividad de lo real”, etc.

Como se puede apreciar, casi todos los escritos de Zubiri tienen que ver directa o indirectamente con el problema del alma, es decir, que el alma ha sido un tema capital y recurrente en sus escritos. Este dato es esencial, puesto que nos anticipa algo que no nos puede resultar extra�o en un autor tan precoz y tan longevo desde el punto de vista filos�fico: las ideas zubirianas acerca del alma han ido evolucionando.

Aqu� nos vamos a referir b�sicamente a los escritos que tratan directamente del alma. Y lo que vamos a exponer es que Zubiri, en efecto, ha pasado de una concepci�n del alma como “esencia” o “sustancia” de la sustantividad humana, a una concepci�n del alma como “subsistema ps�quico”. La terminolog�a empleada en un caso y otro es un s�ntoma evidente de un cierto cambio de perspectiva, lo cual afecta a una nota fundamental del ser humano: la inteligencia. La inteligencia, dir� Zubiri al final, no es una nota constitutiva, sino una nota sistem�tica. Por lo tanto, el ser humano no es una “esencia abierta” – donde “abierta” significa “intelectiva” – sino que es una “realidad abierta”.

El hombre, realidad personal.

Despu�s de una primera etapa de “formaci�n y peregrinaje”, Zubiri comienza una segunda etapa de “maduraci�n” filos�fica que va de 1945 a 1960. Es la etapa de “gestaci�n del realismo zubiriano”.1 En este periodo Zubiri dicta una serie de cursos privados, entre los que se encuentra uno titulado “Sobre la persona” (1959). Este curso es importante por dos razones. En primer lugar, porque es el curso que le llev� a la redacci�n de Sobre la esencia (1962), en un intento de sentar las bases metaf�sicas de su Antropolog�a filos�fica, acosada en este momento por el reciente existencialismo, de una parte, y por el cl�sico esencialismo, de otra. En segundo lugar, porque de ese curso Zubiri extrajo un fragmento significativo que public� en 1963 con el t�tulo “El hombre, realidad personal”2. En este art�culo aparecieron aplicados al ser humano algunos de los conceptos que Zubiri alumbr� a lo largo de los a�os anteriores en sus cursos privados, tales como “de suyo”, “sustantividad”, “suficiencia”, “notas”, “estructura”, “sistema”, “subsistema”, “esencia”, “constituci�n”, “combinaci�n funcional”, “desgajamiento exigitivo”, “subtensi�n din�mica”, “sub-stancia”, “supra-stancia”, “actualidad”, “noergia”, “personeidad”, “suidad formal”, “impresi�n de realidad”, “habitud”, “libertad en”, etc. De ah� que, en una nota a pie de p�gina de dicho art�culo, Zubiri pudo afirmar:

En toda esta lecci�n no hago sino presentar en forma sistem�tica y concisa, conceptos que he expuesto in extenso en mis cursos p�blicos desde 1945, especialmente en los consagrados a los temas “Ciencia y realidad, Tres concepciones cl�sicas del hombre, Cuerpo y alma, La libertad humana, Filosof�a primera, y El problema del hombre (SEAF 56).

Por tanto, “El hombre, realidad personal” es el escrito que mejor resume la concepci�n del ser humano que Zubiri gest� desde los a�os 45 hasta la d�cada de los 60, incluida �sta. En �l Zubiri describe el ser humano en tres niveles, de fuera adentro, tal como cabe considerar a un ser vivo: el nivel de “suscitaciones-respuestas”, el de “habitudes-respectos formales” y el de las “estructuras”. Los dos primeros niveles son f�cilmente aprehensibles. Las acciones vitales en general son un equilibrio din�mico entre suscitaciones y respuestas variadas, a veces complejas, que en la medida en que resultan adecuadas, hacen biol�gicamente viable a un ser vivo. Las habitudes son el modo que tiene de hab�rselas el ser vivo con las suscitaciones. La complejidad de las respuestas del ser vivo est� en funci�n del respecto formal en que quedan para �l esas suscitaciones. Zubiri enumera tres habitudes fundamentales (nutrici�n, sentir, inteligir), correlativas a tres respectos formales o formalidades (alimento, est�mulo, realidad). Por lo tanto, la riqueza de las suscitaciones depende de los respectos formales que capta el ser vivo. O dicho de otro modo, las habitudes son el fundamento de la riqueza responsiva del ser vivo. Pues bien, Zubiri da un paso m�s: cree que las habitudes todav�a no son los mecanismos que explican la constituci�n �ltima del ser vivo, sino que necesitan de algo m�s profundo que las posibilita. Por eso escribe:

Toda habitud emerge y est� constituida por estructuras previas, que son las que definen y estructuran entitativamente al ser vivo en cuesti�n […] Estas estructuras que constituyen la raz�n necesaria y suficiente de las habitudes es lo que define esencial y constitutivamente a la sustantividad. Si queremos preguntarnos por la esencia del ser vivo, hay que contestar a esta pregunta apelando a las estructuras que lo constituyen. Y, en efecto, la palabra esencia tiene muchos sentidos en filosof�a. Sobre todo en la filosof�a actual. Los fenomen�logos han usado y abusado hasta el horror del vocablo esencia. Pero, prescindiendo de estos abusos, entienden, con Husserl a la cabeza, que la esencia es el Sinn, el sentido de los actos de conciencia que intencionalmente se refieren a algo. Ahora, en esta acepci�n, esencia, evidentemente, lo tiene todo; puedo hablar de la esencia de un color, de la esencia de esta mesa, en fin de dos mil esencias. No es esto lo que nos importa, porque lo que aqu� nos importa no es la esencia como sentido de aquello a que se refiere el acto de conciencia, sino aquello que constituye lo esencial de la realidad, a diferencia de lo que no es esencial a ella, sea o no esta realidad t�rmino de un acto de conciencia […] La esencia f�sica de una realidad es el sistema de aquellos caracteres o de aquellas propiedades necesarias y suficientes para ser esto, que, ciertamente, no agotan al ser en cuesti�n, pero que constituyen la ra�z �ltima de todo lo que este ser en cuesti�n es […] Estos caracteres que constituyen la ra�z de lo que es una esencia, han de ser formales y constitutivos: no basta que sean caracteres que est�n en una cosa por el efecto de la causa que lo ha producido. Y digo esto, porque para los griegos, el problema de la esencia era un problema perfectamente limitado por una apelaci�n que contrapone la naturaleza a la t�chne, a lo artificial […] Pero esto que era claro para los griegos, es para nosotros soberanamente oscuro. Porque es que la t�chne nuestra, nuestra t�cnica, no solamente hace cosas artificiales, es decir, cosas que la naturaleza no har�a. No. Lo grave de la t�cnica actual es justamente al rev�s: que hace cosas naturales. Produce artificialmente electrones. Produce artificialmente mol�culas: est� a punto de producir la s�ntesis, si no de un ser vivo, por lo menos del elemento esencial del ser vivo. En ese caso la contraposici�n entre t�chne, entre la t�cnica y la naturaleza es inoperante. A lo que hay que apelar para definir la esencia de un ser vivo no es a esta contraposici�n entre lo natural y lo artificial, sino a la contraposici�n entre los caracteres constitutivos de una cosa, y que sean en cierto modo el fundamento sobre el cual se montan todos los dem�s caracteres que no son constitutivos, o que aun si�ndolo est�n presupuestos por los dem�s. En cierto modo, las propiedades de todas las propiedades.”3

Los tres niveles en que Zubiri analiza el ser vivo en general, y el ser humano en particular, configuran los tres tipos de notas o propiedades seg�n las cuales est� constituido: propiedades causales o adventicias, propiedades constitucionales y propiedades constitutivas. Los componentes �ltimos de los seres vivos no est�n en el nivel de las habitudes o de las propiedades constitucionales, sino en el de las estructuras o propiedades esenciales. Ahora bien, ambas propiedades tienen que estar relacionadas. Es decir, las habitudes o propiedades constitucionales est�n fundadas en las estructuras o propiedades constitutivas. Como Zubiri distingui� tres habitudes, tendr� que haber otras tantas estructuras de ser vivo. Y, en efecto, as� es. Los seres vivos que llamamos vegetales poseen las estructuras de la nutrici�n o alimentaci�n. Los animales en general tienen las estructuras de la aprehensi�n sentiente. ¿Y el ser humano? El animal humano es un ser vivo peculiar, puesto que posee la habitud de sentir y la habitud de inteligir, que adem�s son irreductibles. Por tanto, posee tambi�n las estructuras de la aprehensi�n sentiente y de la aprehensi�n intelectiva de modo irreductible. No obstante, Zubiri defendi� al mismo tiempo que el ser humano es una realidad unitaria.

A pesar de que inteligencia y sensibilidad sean irreductibles, sin embargo constituyen una estructura profundamente unitaria. No hay cesura ninguna en la serie biol�gica. En el hombre, todo lo biol�gico es mental y todo lo mental es biol�gico (SEAF 68).

¿C�mo explicar esto? ¿A qu� tipo de unidad se est� refiriendo? En este periodo Zubiri acepta dos tipos de unidad de propiedades, la unidad que desde Arist�teles viene llam�ndose “sustancial” y la unidad que �l llama ahora “sustantiva”. “Ambos conceptos son perfectamente distintos” (SEAF 70). Si no se entiende as� es imposible salvar una cierta unidad del ser humano. Zubiri afirma que inteligir y sentir son dos habitudes o propiedades constitucionales, que, seg�n hemos afirmado con anterioridad, se fundan en sendas propiedades constitutivas. Como propiedades constitutivas, estas habitudes son irreductibles, porque inteligir es distinto de sentir. Por tanto, estas propiedades constitutivas o esenciales forman cada una de ellas una cierta unidad, que es la que Zubiri llama unidad “sustancial”. Pero el ser humano no es s�lo esta unidad sustancial, puesto que adem�s de propiedades constitutivas, posee propiedades constitucionales y a�n adventicias o causales. Pues bien, al conjunto de todas las propiedades suficientes para constituir un determinado ser, por ejemplo, el ser humano, llama Zubiri “unidad sustantiva”.

Sustantividad es la suficiencia de un grupo de notas para constituir algo propio; es la suficiencia en el orden constitucional (SEAF 70).

De este modo Zubiri comparte la idea aristot�lica de que la sustancia o sustancialidad es un tipo de unidad de realidad. Pero cree que por encima de �l hay otro tipo de unidad, que es la unidad de sustantividad. La unidad de sustantividad es m�s amplia, m�s consistente que la unidad sustancial, puesto que se trata de la suficiencia constitucional que dota a una realidad de independencia del medio y de un cierto control espec�fico sobre �l. Por el contrario, la unidad de sustancialidad es m�s profunda o esencial, dado que es la que funda constitutivamente la propia sustantividad. Por lo tanto, toda cosa tiene esta doble unidad. Podr� darse el caso de que en una coincidan materialmente sustancialidad y sustantividad, pero en todo caso, “en ninguna cosa hay identidad formal entre sustantividad y sustancialidad” (SEAF 70).

Esta caracterizaci�n permite entender dos cosas. “Una, que una realidad sustantiva puede estar compuesta por muchas sustancias. Otra, que si toda realidad tiene un momento sustantivo y otro sustancial, parece l�gico concluir que puede perder o cambiar uno de ellos sin alteraci�n del otro.”4 La cosa es muy com�n entre los organismos.

Cualquier organismo est� compuesto de millones de sustancias, ninguna de las cuales pierde en el organismo su propia sustancialidad. Sin embargo, carecen de sustantividad; sustantividad s�lo la posee el organismo (SEAF 71).

Es lo que sucede, por ejemplo, en el caso de la glucosa. Cuando la glucosa est� fuera del organismo, es una realidad con su doble momento sustantivo y sustancial. Y al ingresar en el organismo, pierde su momento sustantivo, pero no el sustancial. De ah� que le sigamos llamando glucosa, y que de hecho podamos medir su concentraci�n en la sangre. La glucosa en el organismo es sustancial pero insustantiva: la �nica sustantividad es la del organismo como un todo, no la de sus componentes, que son unidades sustanciales.

Pues bien, lo mismo ocurrir�a en el caso del ser humano. El ser humano est� compuesto de muchas sustancias materiales, lo que propiamente llamamos organismo o “cuerpo”, y de una sustancia ps�quica que Zubiri llama aqu� “alma”. Desde este punto de vista, y en el rigor de los t�rminos, el ser humano no es una unidad sustancial, sino dual, o plural. En todo caso, lo an�mico es irreductible a lo corporal. Ahora bien, debido a que ese conjunto de sustancias se “codeterminan”, ello da lugar a una nueva unidad de realidad con nuevas propiedades.

Las propiedades de los compuestos, unas son “aditivas”: son la suma de las propiedades de una “mezcla”. Pero otras son “sistem�ticas”; no pueden distribuirse sobre cada una de los componentes, sino que afectan pro indiviso al sistema entero. Tal es el caso de muchas propiedades en una “combinaci�n” (SEAF 71).

Las llamadas propiedades constitucionales, es decir, las propiedades sistem�ticas, brotan de la codeterninaci�n de las propiedades constitutivas, y por tanto transforman la unidad sustancial de los diversos componentes en una unidad superior: la unidad sustantiva. La unidad sustantiva es el resultado de una combinaci�n de unidades sustanciales. En el orden operativo es lo que Zubiri llama “combinaci�n funcional”, pero en el orden constitucional se trata de “mera sustantividad”

Tr�tase de una sustantividad que en el orden operativo est� caracterizada no por la producci�n de una sustancia nueva, sino por la producci�n de una ‘combinaci�n funcional’. La independencia del medio y el control espec�fico sobre �l, no ser�a sino la expresi�n de esta peculiaridad, la expresi�n de la combinaci�n funcional (SEAF 71).

Esto es lo que sucede con todos los seres vivos, y por supuesto con ese ser vivo que es el ser humano, con la peculiaridad de que su sustancia ps�quica es de un orden distinto al de todas las dem�s sustancias materiales.

El hombre se halla compuesto de una sustancia ps�quica, y de millones de sustancias materiales. Pero todas ellas constituyen una sola unidad estructural. Cada sustancia tiene de por s� sus propiedades, pero la estructura les confiere una sustantividad �nica en virtud de la cual la actividad humana es absolutamente nueva.

Como sustantividad, el ser humano es una unidad cuya habitud se define como inteligencia sentiente. La intelecci�n sentiente es la actividad constitucional de la sustantividad humana. Ahora bien, en el orden constitutivo o esencial, el ser humano es una “corporeidad an�mica”, o lo que es lo mismo una “esencia abierta”. Esta segunda es la f�rmula con la que Zubiri termina la fundamentaci�n metaf�sica del ser humano en Sobre la esencia. “Esencia abierta”, o “corporeidad an�mica” expresa, no la unidad sustantiva del ser humano, sino su “codeterminaci�n” esencial. Zubiri no puede hablar de una unidad sustancial al modo aristot�lico, porque no lo es. Tampoco puede hablar de unidad sustantiva, porque la sustantividad s�lo aparece en el orden constitucional. Habla por eso de una unidad estructural.

El hombre es una sola unidad estructural cuya esencia es corporeidad an�mica. Sus elementos no se determinan como acto y potencia sino que se co-determinan mutuamiente (SEAF).

Ahora bien, ¿qu� tipo de unidad es eso que Zubiri llama “unidad estructural”. Si no es una unidad sustancial ni tampoco sustantiva, ¿es que hay un tercer modo de unidad? Zubiri va a intentar resolver este problema algunos a�os m�s tarde.

El hombre y su cuerpo.

La concepci�n zubiriana del alma que acabamos de ver en la descripci�n anterior va a cambiar abruptamente a partir de la d�cada de los 70 con la publicaci�n del art�culo “El hombre y su cuerpo”. En esta d�cada Zubiri abre un nuevo periodo de su vida intelectual, el �ltimo de su “madurez” filos�fica, puesto que revisa algunos conceptos que ven�a utilizando con anterioridad. Tales son, por lo menos, los conceptos de “sustancia”, “sustancialidad” y “actualidad”. Este tr�o va a adquirir una articulaci�n distinta de la que ven�a teniendo en el periodo anterior, de forma que el concepto de “sustancia” pasa a segundo plano o desaparece, mientras que el concepto de “actualidad” toma su relevo y cobra cada vez m�s importancia. Vamos a verlo.

El art�culo “El hombre y su cuerpo”, que se public� en 1973/4 en dos revistas, comienza con una depuraci�n terminol�gica, que es el indicio m�s claro de los cambios profundos que Zubiri va a introducir en este tema.

El hombre es una realidad una y �nica: es unidad. No es una uni�n de dos realidades, lo que suele llamarse “alma” y “cuerpo”. Ambas expresiones son inadecuadas porque lo que con ellas pretende designarse depende esencialmente de la manera como se entienda la unidad de la realidad humana. De ello depende asimismo la idea de su actividad (SEAF 87).

Si la noci�n de alma desaparece del lenguaje de Zubiri, lo que primeramente tenemos que preguntarnos es si eso no significa abandonar tambi�n la noci�n metaf�sica de sustancia y la unidad que ella representa. He aqu� el texto fundamental.
 

La realidad humana es una unidad de sustantividad, esto es, es una unidad primaria y f�sica de sus notas. De estas notas, unas son de car�cter f�sico-qu�mico, otras de car�cter ps�quico (por ejemplo, la inteligencia). Las notas de car�cter f�sico-qu�mico suelen llamarse sustancias, y lo son, pero no en el sentido metaf�sico de sustancia, sino en el sentido vulgar del vocablo, como cuando hablamos, por ejemplo de sustancias grasas, del �cido pir�vico, del hierro, del f�sforo, etc. Tr�tase, pues de lo que llamamos sustancias qu�micas. Este aspecto f�sico-qu�mico de la sustantividad humana no es, como suele decirse, “materia” (cosa asaz vaga y demasiado remota para la constituci�n formal de la sustantividad huata), sino que es “organismo”. El organismo es tan s�lo un subsistema parcial dentro del sistema total de la sustantividad humana. Por s� mismo y en s� mismo, carece de sustantividad. El aspecto ps�quico de la sustantividad humana tampoco es, como suele decirse “esp�ritu” (t�rmino tambi�n vago). Podr�a llamarse “alma” si el vocablo no estuviera sobrecargado de un sentido especial, archidiscutible, a saber: el sentido de una entidad “dentro” del cuerpo y “separable” de �l. Prefiero por esto llamar a este aspecto simplemente “psique”. La psique no es una sustancia ni en el sentido vulgar del vocablo (eso es sobradamente evidente), pero tampoco en el sentido metaf�sico. La psique es tambi�n s�lo un subsistema parcial dentro del sistema total de la sustantividad humana (SEAF 90).

 

Como antes, la noci�n de sustantividad sigue siendo aqu� fundamental para describir la unidad sistem�tica de la realidad humana. Pero esta unidad ya no lo es de sustancias, como s� ocurr�a en la concepci�n anterior, sino de notas que forman dos “subsistemas”, el ps�quico (ya no alma) y el org�nico. Por tanto, podemos llamar la atenci�n sobre tres puntos en este texto. Primero, que la noci�n de alma es sustituida por la noci�n de psique. Segundo, que la noci�n de sustancia pierde su sentido metaf�sico. Tercero, que las notas esenciales no forman sistema sino subsistema. Estas tres ideas est�n perfectamente conectadas, es decir, que obedecen a un mismo objetivo o inter�s: salvar la unidad de la sustantividad humana sin que ello signifique reducir el subsistema psique al subsistema org�nico. Esto sigue siendo un punto invariable en Zubri.

Ciertamente, este subsistema [psique] tiene algunos caracteres irreductibles al subsistema org�nico, y en muchos aspectos (no en todos, bien entendido) tiene a veces cierta dominancia sobre �ste. Pero sin embargo, la psique es s�lo un subsistema parcial. Esto quiere decir que ni organismo son un sistema por s� mismo, sino que cada subsistema es sistema s�lo en virtud de una consideraci�n mental no arbritraria, pero tampoco adecuada a la realidad. En su realidad f�sica s�lo hay el sistema total; tanto en su funcionamiento como en su estructura reales, todas y cada una de las notas ps�quicas son “de” las notas org�nicas y cada una de las notas org�nicas es nota “de

Si la sustantividad es un sistema total de notas con suficiencia constitucional, el “subsistema” de notas constitutivas o esenciales hay que definirlo entonces como un sistema insuficiente. Esto es aqu� fundamental. En Sobre la esencia hay veces que Zubiri llama a las notas constitutivas o esenciales “sistema” y no “subsistema” (SE, 267). Esto resultaba all� parad�jico, dado que la tesis del libro es que el sistema completo no puede ser m�s que el sustantivo, es decir, el que forman las notas constitucionales. Pero en la medida en que las notas constitucionales se basan en las constitutivas, Zubiri acababa concediendo tambi�n cierta suficiencia a las notas constitutivas. La esencia no ser�a subsistema sino sistema. Las consecuencias de esta concepci�n ya la hemos visto: el alma es una sustancia espiritual que forma parte del sistema constitutivo o esencial de la realidad humana. Pues bien, esto es lo que Zubiri revisa ahora. La psique no es m�s que un “subsistema” de notas constitutivas o esenciales sin suficiencia constitucional.

Subsistema no es un sistema fragmentario que estuviera incluido o recluido en el sistema total: ni la psique est� recluida en el organismo ni �ste en aqu�lla. El subsistema no es un fragmento, sino una cierta unidad a la que le falta sin embargo el momento de clausura cl�clica (SEAF 95).

Por eso Zubiri deja de llamar “alma” a ese subsistema ps�quico, y, como consecuencia, deja de echar mano de la noci�n de sustancia. La noci�n de alma, tal como ven�a consider�ndose en perspectiva aristot�lica, mentar�a una sustancia con suficiencia entitativa, por tanto, ubicada circunstancialmente en el sistema sustantivo humano, pero separable del cuerpo. El alma ser�a sustancial dentro de la sustantividad humana, pero sustantiva una vez aniquilada esta sustantividad. Sin embargo, esto es lo que Zubiri no acepta ahora. Hasta el punto que Zubiri, traspasando las fronteras estrictamente filos�ficas, llega a afirmar:

Digamos, de paso, que cuando el cristianismo, por ejemplo, habla de supervivencia e inmortalidad quien sobrevive y es inmortal no es el alma sino el hombre, esto es, la sustantividad humana (SEAF 90-1).

Ahora bien, esto que Zubiri formula como “de paso”, quiz� lo sea menos de lo que aparenta. En la etapa anterior, hasta la d�cada de los 70, Zubiri ha sostenido la idea de alma como sustancia por motivos teol�gicos. Como ha escrito D. Gracia, “la idea de Zubiri en todos esos a�os es que el alma es una sustancia espiritual, que es sustantiva cuando est� fuera del compuesto humano, pero que tiene car�cter s�lo sustancial cuando forma parte de la realidad del ser humano. Y esto es lo que comienza a relativizar en la primavera de 1973, como consecuencia de un ciclo de elecciones impartido por Marie-�mile Boismard en la Sociedad de Estudios y Publicaciones de Madrid. En esas conferencias Boismard explic� c�mo en la literatura veterotestamentaria cl�sica no hay alma, sino s�lo ser humano, y que la gracia divina de la resurrecci�n lo es tambi�n del hombre entero. En la sustantividad no hay nada que exija necesariamente la perduraci�n. Zubiri conoc�a perfectamente esos datos b�blicos, pero pensaba que la no aceptaci�n de un alma espiritual chocaba de frente con uno de los c�nones del Concilio de Vienne.5 Boismard le convenci� de lo contrario, lo que le permiti� revisar sus anteriores planteamientos. Ahora empieza a considerar que la idea de sustancia como realidad f�sica es innecesaria y superflua y, adem�s, incompatible con su teor�a de la sustantividad. A partir de ese momento el concepto de sustancia como soporte f�sico desaparece de su obra. La sustantividad suplanta completamente a la teor�a de la sustancia. Realidad es igual a suficiencia constitucional, y todo lo que es real es, por definici�n, sustantivo”6.

Los conceptos de subsistema y sistema (o sustantividad) ser�an pues suficientes para explicar ahora la unidad de la realidad humana, porque lo que prima es definitivamente el todo frente a las partes. Ya no es necesario apelar a una sustancia an�mica interna al cuerpo humano. Algo de eso quiere transmitir el propio t�tulo del art�culo que venimos analizando, “El hombre y su cuerpo”. Aqu� “cuerpo” no es algo a�adido al hombre, sino un subsistema f�sico-qu�mico, el llamado “organismo”, que no obstante posee algunas “funciones” dentro del sistema entero de la sustantividad humana. Tales son la funci�n org�nica, la funci�n configuradora y la funci�n som�tica. Lo que s� va a insinuar Zubiri es que entre las dos primeras funciones y la �ltima hay una diferencia radical. Las dos primeras son funciones que tienen que ver con la organizaci�n f�sico-qu�mica, es decir, con el subsistema org�nico, mientras que la tercera es una funci�n de actualidad o presencialidad. Es decir, que el cuerpo expresa m�s de lo que es desde el punto de vista f�sico-qu�mico, puesto que hace al ser humano presente o actual.

La sustantividad psico-org�nica tiene un momento de corporeidad, esto es, un momento de actualidad, de presentidad “f�sica” en la realidad. El organismo tiene aqu� una funci�n propia: la de ser el fundamento material de esta actualidad presencial. La materia como fundamento de actualidad, de presencialidad “f�sica” es lo que debe llamarse soma. El organismo tiene esta (que desde mis primeros escritos llam� as�) funci�n som�tica. Es una funci�n distinta de la organizadora y de la configuradora. No confundamos, pues, soma y organismo. S�lo en virtud de esta funci�n debe llamarse al organismo cuerpo. El organismo es cuerpo, esto es, soma, tan s�lo por ser fundamento material de la corporeidad del sistema, y no al rev�s. Claro est�, esta funci�n, de hecho, presupone la funci�n organizadora y la de configuraci�n; sin estas funciones no habr�a presencialidad f�sica. Pero no se identifican formalmente con �sta. Ser soma, ser cuerpo no es formalmente id�ntico a ser organizaci�n f�sico-qu�mica. Es sin embargo una funci�n estrictamente material; es, si se quiere, materia som�tica a diferencia de materia org�nica. La primera concierne al organismo como fundamento de actualidad, la segunda le confiere como fundamento de organizaci�n (SEAF 97).

Esto es lo que escribe Zubiri en 1973. El giro que ha dado en esta fecha ha sido importante. Ha dejado de usar el concepto de sustancia an�mica, y ha encontrado el sustituto explicativo de la inteligencia en el concepto de “actualidad”. Pasa del binomio sustancia-sustantividad al de sustantividad-actualidad. Dicho de otro modo, el contrapunto de la sustantividad es ahora la actualidad y no la sustancialidad. Esto implica que el juego de relaciones que anteriormente se establec�a entre sustancia y sustantividad, se establece ahora entre sustantividad y actualidad. Que una cosa pierda o gane notas no afecta a su car�cter sustantivo, como suced�a antes, sino a su car�cter de actualidad. La glucosa, por ejemplo, al entrar en el organismo no es que pierda su sustantividad, sino que adquiere una nueva actualidad, y lo mismo el organismo, etc. Todo se explicar�a a partir de este proceso de actualizaciones. Tambi�n la inteligencia. La inteligencia ya no es necesario conceptuarla como una nota constitutiva o esencial dentro de la unidad sustantiva de la realidad humana, como Zubiri pensaba antes. Basta con hacerla depender de las notas sistem�ticas de la propia sustantividad, al modo de las propiedades nuevas de las “combinaciones funcionales”. La inteligencia es una nota sistem�tica nueva que definen el conjunto de notas psico-org�nicas que constituyen la sustantividad humana. Esta sustantividad sigue siendo abierta, puesto que sus actualizaci�nes pueden ser m�ltiples, pero en todo caso, no debe su apertura a una nota esencial o constitutiva, la sustancia an�mica, sino a la estructura sistem�tica de dicha sustantividad.

Conclusi�n.

Como acabamos de ver, Zubiri resuelve el problema del alma de dos modos esencialmente distintos a lo largo de su vida intelectual. En el art�culo “El hombre, realidad personal”, de 1969, presenta una concepci�n del ser humano que pasa por la postulaci�n de una sustancia an�mica como fundamento de la unidad sustantiva. Sin embargo, en el art�culo “El hombre y su cuerpo”, de 1973, presenta una nueva concepci�n del ser humano, ahora apelando, no a la idea de sustancia, sino a la idea de actualidad. La inteligencia ser�a una actualizaci�n de las notas constitucionales, no constitutivas, de la sustantividad humana.

Sin embargo, hay un punto en el que Zubiri nunca ha variado su posici�n: que la inteligencia, sea concebida como nota sustancial, sea concebida como nota sistem�tica, es irreductible a una complejizaci�n de notas f�sico-qu�micas. La inteligencia siempre es un plus de actualidad. Da ah� que ning�n monismo emergentista pueda resultar a �ltima hora completamente convincente. Por eso la soluci�n de Zubiri podr�a entenderse como un “emergentismo por elevaci�n”. El organismo “da de s�” la inteligencia, “desde s� misma”, pero no “por s� misma”. Lo cual no deja de ser una explicaci�n metaf�sica. Porque fenomenol�gicamente la cuesti�n queda intacta. Y es que aqu� es donde sigue estando el problema, quiz� el misterio, de la inteligencia. Es lo qu hemos querido expres

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